Entreculturas ONG Jesuita para la educación y el desarrollo
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Entreculturas ONG Jesuita para la educación y el desarrollo ACTÚA

Lanzamiento La LUZ de las NIÑAS

Lanzamiento La LUZ de las NIÑAS

Cada niña tiene derecho a vivir libre de violencia, discriminación, intimidaciones y abusos. Sin embargo, hoy en día la violencia niega este derecho a millones de niñas de todo el mundo: continúa siendo una de las violaciones más persistentes, sistemáticas y generalizadas de los derechos humanos. Por eso, con motivo del Día Internacional de la Niña, que se celebra el próximo 11 de octubre, hemos lanzado hoy La Luz de las Niñas “para visibilizar la desigualdad que sufren las niñas, protegerlas frente a la violencia, valorar su capacidad para elegir su futuro e incidir para transformar las causas de la injusticia hacia ellas”, según Raquel Martín, nuestra Directora de Comunicación y Desarrollo Institucional. “Queremos que brille su luz. Las niñas tienen derecho a una infancia en igualdad de oportunidades, libre de miedos, de amenazas y agresiones. La educación puede defenderlas, proteger sus derechos, transformar sus vidas”, ha afirmado en el acto de presentación de la campaña.

Daniel Villanueva, VicePresidente de la Fundación Entreculturas durante ha explicado que “hoy en día la violencia niega el derecho a la educación a millones de niñas de todo el mundo: continúa siendo una de las violaciones más persistentes, sistemáticas y generalizadas de los derechos humanos. No hablamos de anécdotas: 240 millones de niñas ven amenazada su vida por la violencia, más de 200 millones de niñas en el mundo han sufrido mutilación genital. Cada año 12 millones de niñas son casadas antes de cumplir los 18. Más de 150 millones sufren violencia sexual. Y 34,2 millones de niñas y mujeres son refugiadas o desplazadas”. La mayoría de niñas en el mundo se ven obligadas a realizar tareas del hogar como cocinar, ir a buscar leña, agua o quedarse al cargo de sus hermanos pequeños. Estas formas de violencia hacia las niñas provocan en ellas graves secuelas psicológicas, físicas y sociales que las marcan para siempre, y las aleja de la escuela, de su infancia y de sus oportunidades.

Para dar testimonio de estas realidades de injusticia hemos podido escuchar dos testimonios de mujeres que combaten la violencia contra las niñas en Guatemala y en Chad. La primera ha sido Sifa Kaite, Coordinadora de Protección a la Infancia de Servicio Jesuita a Refugiados Chad. Su trabajo está vinculado con las diversas formas de violencia que enfrentan las niñas refugiadas en los campos y que ella afirma que “son innumerables” destacando “la mutilación genital femenina (MGF), el matrimonio forzado, el matrimonio precoz, las tareas del hogar, el abandono escolar y la violencia sexual”. Todas estas prácticas dañinas suponen una vulneración de los derechos humanos de las niñas muy grave, truncando su autoestima y desarrollo y obstaculizando su continuidad educativa. Sifa ha reivindicado que “La violencia contra las niñas les impide disfrutar y ejercer sus derechos humanos: el derecho a la educación, el derecho al juego, el derecho a la salud, o derecho a la expresión de opinión, entre otros”.

Para combatir esta realidad, Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados a través del Programa Luz de las Niñas realiza tareas de prevención y respuesta. “Maestros en escuelas que hacen prevención continuamente, incidencia, charlas educativas, sensibilización, creación de un club de niñas para la difusión de información sobre menstruaciones, VIH SIDA, prevención del embarazo precoz o la distribución de kits de higiene” según ha contado Sifa. “A las niñas les preocupa saber si lo que están experimentando ellas está sucediendo en otra parte. Quieren estar tranquilas. Saber que no son las únicas que viven estos retos”.

Por su lado, Sofía Gutiérrez, Responsable de Acción Pública de Fe y Alegría Guatemala, conoce la realidad que enfrentan las niñas en su país, muy condicionada por las altas tasas de violencia sexual, embarazos y uniones tempranas, que tienen mayor prevalencia entre la población indígena. En Guatemala el pasado año se atendió a más de 4.000 niñas y adolescentes que habían sufrido violencia y abuso sexual. También es testigo de las múltiples discriminaciones hacia las niñas, que a menudo las lleva a estar sobrecargadas de tareas domésticas, lo que en muchos casos les dificulta permanecer en la escuela y acceder a estudios superiores y por tanto al mundo laboral en igualdad de condiciones que sus pares niños. “El trabajo de La Luz de las Niñas en Guatemala se concentra en la prevención de la violencia y en la creación de espacios seguros para las niñas en las escuelas, en los que se sientan en confianza para hablar, de manera que por una parte se fortalezca su autoestima, y por otra parte se puedan detectar a tiempo las situaciones de violencia que estén sufriendo, así como darles acompañamiento psicosocial”.

Gemma López, responsable del departamento de América Latina y Caribe de Entreculturas ha presentado los objetivos de La Luz de las Niñas “visibilizar la desigualdad que sufren las niñas, protegerlas frente a la violencia y seguir fortaleciendo mecanismos de protección, valorar su capacidad para elegir su futuro e incidir para transformar las causas de esta injusticia”. También ha hablado sobre el Informe que acompaña a la campaña “Niñas libres de violencia: derecho a la educación, garantía de igualdad” y que analiza el concepto de violencia y sus principales causas.

Las niñas tienen que encontrar soporte en los sistemas públicos de protección: esto implica fortalecer la coordinación de las instituciones que trabajan en los sectores de educación, salud, protección de la infancia y justicia, entre otros. Es necesario eliminar los obstáculos que impiden el acceso a la educación de las niñas destinando la inversión suficiente y aplicando incentivos y becas. Especialmente relevante es asegurar que aquellas niñas que sufren múltiples desventajas –por vivir en zonas remotas o en conflicto, pertenecer a minorías, tener alguna diversidad funcional o ser esposas o madres adolescentes– accedan a una educación de calidad que les inspire, capacite y ofrezca oportunidades para llevar a cabo sus metas vitales. Una vez dentro de las escuelas, el reto no acaba y debemos estar vigilantes para educar en igualdad. Tanto los Estados como las comunidades educativas tienen que trabajar para transformar las escuelas en espacios protectores y seguros, lo cual implica contar con infraestructuras escolares inclusivas y adecuadas a las necesidades específicas de niñas y jóvenes y, además, promover en la comunidad escolar la reflexión y toma de conciencia sobre las normas de género desiguales que alimentan la violencia para revisarlas de manera crítica y así transformarlas. Además, las escuelas deben establecer programas orientados a la prevención, detección y actuación ante cualquier caso de violencia generando confianza en las niñas hacia estos sistemas y alejándolas de la culpabilización o incluso el estigma. El equipo docente debe estar formado en materia de igualdad de género y en prevención y detección de la violencia hacia las niñas.

Gemma ha explicado también que “Entreculturas ha trabajado desde 2012 en 15 países a través del Programa La Luz de las Niñas abriendo oportunidades para que su luz brille”. Desde la creación del Programa La Luz de las Niñas en 2012 se ha atendido a 32.747 niñas en 15 países (R D Congo, República Centroafricana, Sudán del Sur, Chad, Kenia, Guatemala, Nicaragua, Haití, El Salvador, Honduras, Perú, Bolivia, Camerún, Angola, Sudán). Actualmente, en 2018, están participando en el Programa 12.700 niñas de 11 países (R D Congo, República Centroafricana, Sudán del Sur, Chad, Kenia, Guatemala, Nicaragua, Haití, El Salvador, Honduras, Perú)”. En tres líneas de acción: fomentando su acceso y la permanencia escolar, previniendo, detectando, atendiendo y denunciando la violencia contra las niñas y ofreciendo rehabilitación psicológica y social a las niñas víctimas de violencia, mejorando su autoestima y realizando actividades de formación e integración.

Para conseguir la transición hacia un modelo igualitario de sociedad, las personas, organizaciones, escuelas y comunidades tenemos el deber de romper el silencio frente a la violencia ejercida hacia las niñas y garantizar su acceso a la justicia, así como de desarrollar, difundir y conocer rutas de protección y de restitución de sus derechos. La manera más eficaz de combatir la violencia contra las niñas consiste en modificar las estructuras y deconstruir las actitudes y normas sociales que sustentan la violencia y la discriminación. De esta manera, lograremos desnaturalizar toda forma de violencia y discriminación contra las niñas y las mujeres transformando las relaciones de poder entre hombres y mujeres, niños y niñas, de su estatus actual, hacia un modelo respetuoso y de buen trato, basado en el reconocimiento de la igualdad y de la libertad de cada ser humano.

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